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¿Pueden los probióticos ayudar contra la depresión? Un estudio explora su potencial en adultos mayores

19 de junio de 2026 · admin

La relación entre la salud intestinal y el bienestar emocional continúa despertando interés en la comunidad científica. Un nuevo estudio sugiere que determinados probióticos podrían convertirse en un complemento prometedor para el tratamiento de la depresión en adultos mayores, aunque los expertos advierten que todavía se necesitan investigaciones más amplias para confirmar su eficacia.

El trabajo, publicado en el Journal of the American Geriatrics Society, evaluó el efecto de un suplemento probiótico administrado diariamente a personas mayores con depresión moderada. Los resultados mostraron que quienes recibieron probióticos junto con su tratamiento antidepresivo habitual presentaron, en promedio, menores niveles de depresión y ansiedad que quienes recibieron un placebo.

La investigación, denominada PRODG, incluyó a 58 adultos de 60 años o más con diagnóstico de depresión unipolar moderada en India. Todos los participantes continuaron con el tratamiento médico que ya tenían prescrito y fueron asignados aleatoriamente para recibir durante 12 semanas un suplemento con las cepas bacterianas Lactobacillus helveticus y Bifidobacterium longum o un placebo. Posteriormente, fueron monitoreados durante otras 12 semanas para evaluar la evolución de los síntomas.

Los investigadores utilizaron herramientas clínicas ampliamente validadas para medir los cambios en la depresión y la ansiedad. Aunque ambos grupos experimentaron mejorías a lo largo del estudio, los participantes que consumieron probióticos registraron puntuaciones ligeramente más bajas en las escalas de evaluación de ambas condiciones.

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo fue el análisis de la llamada conexión intestino-cerebro, una línea de investigación que ha ganado relevancia en los últimos años. Esta hipótesis plantea que los microorganismos que habitan el sistema digestivo pueden influir en funciones neurológicas, emocionales y cognitivas mediante mecanismos relacionados con la inflamación, el sistema inmunitario y la producción de sustancias químicas que participan en la comunicación entre el intestino y el cerebro.

Para explorar esta posibilidad, los científicos también estudiaron cambios en la microbiota intestinal de los participantes y midieron los niveles de factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína asociada con la salud neuronal, la plasticidad cerebral y los procesos relacionados con el estado de ánimo.

Los resultados mostraron que las personas que recibieron probióticos presentaron niveles más elevados de BDNF en comparación con quienes recibieron placebo. Además, se confirmó una mayor presencia de las bacterias administradas en la microbiota intestinal de los participantes del grupo probiótico, lo que sugiere que el suplemento logró modificar parcialmente la composición bacteriana del intestino.

Estos hallazgos se suman a una creciente cantidad de investigaciones que buscan comprender cómo la microbiota podría influir en los trastornos del estado de ánimo. Estudios previos ya habían identificado diferencias en la composición bacteriana intestinal entre personas con depresión y aquellas sin la enfermedad, alimentando la hipótesis de que el equilibrio microbiano podría desempeñar un papel relevante en la salud mental.

Sin embargo, los especialistas subrayan que los resultados deben interpretarse con cautela. El ensayo PRODG fue un estudio piloto con una muestra relativamente pequeña y una tasa de abandono superior al 50 %, un factor que limita la fortaleza de las conclusiones. Además, aunque se observaron mejoras en los síntomas depresivos y ansiosos, no se detectaron beneficios adicionales significativos en la calidad de vida de los participantes.

Los autores recalcan que los probióticos no deben considerarse un sustituto de los tratamientos convencionales para la depresión. Su posible utilidad radicaría en actuar como una herramienta complementaria dentro de un abordaje integral que incluya atención médica, tratamiento farmacológico cuando sea necesario y apoyo psicológico.

La investigación abre una puerta interesante para futuras estrategias terapéuticas, especialmente en una población como los adultos mayores, donde la depresión representa un desafío creciente para los sistemas de salud. No obstante, será necesario realizar ensayos clínicos de mayor escala para determinar con precisión qué pacientes podrían beneficiarse, qué cepas son las más efectivas y cuál sería la duración óptima de este tipo de intervenciones.

Por ahora, el estudio aporta nuevas evidencias sobre una pregunta que cada vez genera más interés científico: hasta qué punto el equilibrio de la microbiota intestinal puede influir en la salud mental y convertirse en un aliado para mejorar el bienestar emocional.