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Una dieta antiinflamatoria podría reducir el riesgo de demencia, incluso en personas con señales tempranas de Alzheimer

2 de julio de 2026 · admin

Seguir una dieta rica en alimentos con propiedades antiinflamatorias podría ser una de las estrategias más eficaces para reducir el riesgo de desarrollar demencia, incluso entre personas que ya presentan marcadores biológicos tempranos relacionados con la enfermedad de Alzheimer. Así lo sugiere un nuevo estudio publicado en la revista científica JAMA Network Open, que refuerza el papel de la alimentación como un factor clave para proteger la salud cerebral durante el envejecimiento.

La investigación, realizada por un equipo encabezado por la científica Anja Mrhar, de la Universidad de Liubliana, en Eslovenia, analizó durante 15 años la relación entre los hábitos alimentarios y el desarrollo de demencia en adultos mayores. Los resultados mostraron que quienes mantenían una alimentación con mayor capacidad para reducir la inflamación presentaban un riesgo significativamente menor de padecer deterioro cognitivo, incluso si ya tenían indicadores biológicos asociados con el Alzheimer.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron la información de casi mil 900 personas de 60 años o más que participaban en un proyecto sueco sobre envejecimiento. Ninguno de los participantes presentaba demencia al inicio de la investigación, que comenzó entre marzo de 2001 y agosto de 2004.

Durante el seguimiento, que se extendió por 15 años, los voluntarios fueron evaluados hasta en seis ocasiones. En cada revisión se obtuvieron muestras de sangre para medir biomarcadores relacionados con enfermedades neurodegenerativas y se aplicaron cuestionarios sobre sus hábitos alimentarios.

Los científicos centraron su atención en tres marcadores sanguíneos que actualmente se consideran señales tempranas del daño cerebral asociado con el Alzheimer. El primero fue la proteína tau, cuya acumulación en forma de ovillos tóxicos es una de las principales características de esta enfermedad. También analizaron la cadena ligera de neurofilamentos (NfL), una proteína que se libera cuando las neuronas resultan dañadas o mueren. El tercer biomarcador fue la proteína ácida fibrilar glial (GFAP), producida por células del sistema nervioso que participan en la protección y reparación de las neuronas.

Al comparar estos marcadores con los patrones alimentarios de los participantes, los investigadores observaron que quienes seguían una dieta con mayor potencial antiinflamatorio obtenían beneficios importantes.

En las personas con niveles elevados de proteína tau, el riesgo de desarrollar demencia fue un 29% menor. Entre quienes presentaban concentraciones altas de NfL, el riesgo disminuyó un 21%, mientras que en aquellos con niveles elevados de GFAP la reducción alcanzó el 27%.

Los autores concluyeron que estos resultados respaldan la importancia de promover estrategias nutricionales específicas para prevenir la demencia, no solo entre la población general, sino también en personas que ya presentan un mayor riesgo biológico de desarrollar la enfermedad.

La dietista Emily Case, especialista de Northwell Health, en Nueva York, destacó que existe cada vez más evidencia científica que respalda el papel de una alimentación antiinflamatoria en la prevención y el retraso de la progresión del Alzheimer.

Según la especialista, mantener una buena nutrición debe ir acompañado de otros hábitos saludables, como realizar actividad física de manera regular y dormir las horas suficientes, ya que todos estos factores contribuyen al buen funcionamiento del cerebro y podrían ayudar a preservar las capacidades cognitivas con el paso de los años.

Los alimentos con propiedades antiinflamatorias forman parte de patrones de alimentación ampliamente recomendados para la salud cardiovascular, como la dieta mediterránea y la dieta DASH. Entre ellos destacan las frutas ricas en antioxidantes, especialmente las bayas, así como las verduras de hoja verde oscura.

También se incluyen pescados grasos y frutos secos, ricos en ácidos grasos omega-3, considerados beneficiosos para la función cerebral. A ello se suman alimentos con alto contenido de fibra, como cereales integrales, legumbres, frutas, verduras, semillas y nueces, además de grasas saludables presentes en el aceite de oliva y el aguacate.

Case explicó que, aunque la genética influye en el riesgo de desarrollar Alzheimer, el estilo de vida también desempeña un papel importante. Si bien no es posible modificar los genes, sí es posible crear un entorno más favorable para la salud mediante decisiones cotidianas relacionadas con la alimentación, el ejercicio y el descanso.

La especialista aclaró que las investigaciones actuales no indican que una dieta saludable pueda revertir la demencia una vez establecida. Sin embargo, sí existen evidencias de que puede contribuir a ralentizar la progresión del deterioro cognitivo y mejorar algunos síntomas, lo que representa una oportunidad para preservar durante más tiempo la calidad de vida de las personas afectadas.

Aunque se requieren más estudios para comprender con mayor precisión los mecanismos detrás de estos beneficios, los resultados respaldan la recomendación de adoptar una alimentación equilibrada desde etapas tempranas de la vida. Más allá de favorecer la salud del corazón o ayudar a controlar el peso, una dieta rica en alimentos antiinflamatorios podría convertirse en una herramienta importante para proteger el cerebro y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas en la vejez.