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Internacionales

La revolución cubana dejó pólvora en América Latina

20 de julio de 2026 · admin

La Revolución cubana no se conformó con conquistar La Habana. De acuerdo con el Departamento de Estado de Estados Unidos, Fidel Castro convirtió a la isla en el centro de una maquinaria destinada a exportar insurgencias, entrenar guerrilleros y derribar gobiernos aliados de Washington en América Latina.

El informe sostiene que prácticamente todos los movimientos marxistas armados relevantes del continente posteriores a 1959 recibieron alguna forma de respaldo cubano: capacitación, dinero, armas, refugio, propaganda, documentación falsa o conexiones con otros grupos revolucionarios.

La estrategia tenía una ventaja: Cuba era pequeña, pero su red no. La Habana podía conectar a militantes de Nicaragua con organizaciones palestinas, a guerrillas colombianas con instructores cubanos y a grupos puertorriqueños con rutas clandestinas que atravesaban diversas capitales latinoamericanas.

En 1966, la Conferencia Tricontinental reunió en Cuba a más de 500 delegados de 82 países. Allí coincidieron movimientos de África, Asia, Medio Oriente y América Latina bajo una narrativa común: combatir el imperialismo occidental y abrir múltiples frentes contra Estados Unidos. México estuvo representado por el Movimiento de Liberación Nacional.

Un año después, la Organización Latinoamericana de Solidaridad estableció su sede en La Habana. El propio Castro defendió entonces la guerra de guerrillas como la salida para transformar políticamente la región. Bajo ese esquema, el territorio cubano funcionó como escuela, santuario y central de conexiones.

El documento atribuye a Cuba apoyo a movimientos armados de Venezuela, Colombia, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Nicaragua, El Salvador y Puerto Rico. Algunos realizaron secuestros, atentados, robos, asesinatos y ataques contra instalaciones diplomáticas o militares.

En Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional aparece como uno de los mayores triunfos de la estrategia cubana. La Habana suministró armas, entrenamiento, refugio, propaganda y contactos internacionales que permitieron convertir distintas facciones revolucionarias en una estructura unificada capaz de derrocar a Anastasio Somoza en 1979.

La victoria sandinista ofreció a Cuba una plataforma continental. Nicaragua se convirtió en santuario, corredor de armas y centro de apoyo para movimientos de El Salvador, Guatemala y otros países centroamericanos. La revolución dejó de ser un asunto nacional para transformarse en una cadena logística transnacional.

El informe también coloca a la Ciudad de México como un punto relevante de comunicación. Archivos citados en el documento señalan que integrantes del grupo puertorriqueño Los Macheteros mantuvieron contactos con personal de inteligencia cubano mediante reuniones y comunicaciones realizadas desde la capital mexicana.

Los Macheteros participaron en atentados, emboscadas, robos y ataques con armamento pesado. En 1983, algunos de sus integrantes robaron más de siete millones de dólares de un depósito de Wells Fargo; versiones de exfuncionarios cubanos sostienen que parte del dinero terminó en Cuba.

El picante está precisamente ahí: México no es señalado como autor de aquellas operaciones, pero sí aparece como una estación útil del tablero. Una capital con relaciones diplomáticas abiertas, conectividad continental y suficiente movimiento político para que una reunión clandestina pudiera confundirse con cualquier encuentro ordinario.

La tesis del reporte es que Cuba no exportaba únicamente ideología. Exportaba métodos, contactos, combatientes y capacidad operativa. La isla no tenía el ejército más poderoso de la región, pero durante décadas habría administrado algo más difícil de detectar: una franquicia revolucionaria con sucursales, socios y rutas propias.