El sapo concho, el único anfibio endémico de Puerto Rico, pasó en pocos meses de ser una especie poco conocida fuera de círculos científicos a convertirse en un símbolo cultural y político. Impulsado por su aparición en el documental Debí tirar más fotos de Bad Bunny y por la estética de la reciente gira del artista, este pequeño anfibio en peligro crítico de extinción ahora también protagoniza una campaña de protesta contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), justo en la antesala del Super Bowl LX.
En los días previos al evento deportivo, carteles con la imagen del famoso peluche del sapo concho comenzaron a aparecer en el centro de San Francisco, ciudad donde se ubica la sede de la NFL. Bajo consignas como “ICE Out” y “Chinga la migra”, los mensajes retoman una larga tradición de resistencia chicana y latina para denunciar las redadas migratorias y las políticas de deportación que han generado fuerte tensión en distintas ciudades estadounidenses.
Aunque se desconoce el origen de la campaña, su aparición en San Francisco resulta significativa, ya que se trata de una de las principales ciudades santuario del país, con políticas que limitan la cooperación de las policías locales con las autoridades migratorias federales. Sin embargo, estas protecciones han sido puestas a prueba por la intensificación de operativos en otras ciudades, como Mineápolis, donde recientes redadas derivaron en la muerte de dos civiles a manos de agentes de ICE y de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza.

En este contexto, la NFL buscó desmarcarse de cualquier relación con operativos migratorios. La jefa de seguridad de la liga, Cathy Lanier, aseguró que ICE no participará en acciones de control migratorio durante el Super Bowl LX, evento que tendrá como figura central del espectáculo de medio tiempo a Bad Bunny. La elección del artista ha generado críticas desde sectores conservadores del Partido Republicano, que cuestionan su presencia por cantar en español en el escenario más visto de Estados Unidos.
El propio expresidente Donald Trump calificó la elección de Bad Bunny como “ridícula” y anunció que no asistirá al evento. Según sus declaraciones, considera que el cantante “siembra odio”, en una postura que ha reavivado el debate sobre identidad cultural, migración y representación latina en espacios de gran visibilidad mediática.
Más allá de la polémica política, el sapo concho tiene una historia marcada por décadas de lucha contra la extinción. Su nombre científico, Peltophryne lemur, corresponde a una especie que ha estado bajo programas de reproducción asistida desde 1984. La bióloga Sondra Vega, de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, explica que la exposición generada por Bad Bunny ha sido clave para sacar al anfibio del anonimato y conectar con un público mucho más amplio.
Según Vega, el personaje de Concho ha permitido educar sobre la biodiversidad puertorriqueña y visibilizar una especie que forma parte del patrimonio natural de la isla. El sapo, reconocible por su nariz respingona y su carácter carismático, vive entre seis y ocho años en cautiverio, y menos en estado silvestre debido a la pérdida de hábitat, la presencia de depredadores y el impacto de especies invasoras.
El esfuerzo de conservación involucra a múltiples instituciones, incluyendo la Universidad de Puerto Rico, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, el gobierno federal y una red de zoológicos en Estados Unidos y Canadá. Actualmente, gran parte de la reproducción se realiza fuera de Puerto Rico, lo que implica altos costos de traslado de renacuajos y ejemplares juveniles para su posterior liberación en charcas naturales y artificiales en la isla.
Abel Vale Nieves, presidente de la organización Ciudadanos del Karso, ha insistido en la necesidad de crear un centro de reproducción en Puerto Rico para reducir costos y fortalecer la participación local. En su finca El Tallonal, al sur de la isla, se han habilitado charcas artificiales donde recientemente se liberaron ejemplares adultos y juveniles con radio transmisores para su monitoreo.
Las cifras muestran avances importantes: hasta junio de 2025 se habían liberado más de 750 mil renacuajos, como parte de un esfuerzo sostenido para recuperar la población. Sin embargo, expertos como Ramón Luis Rivera, del DRNA, advierten que todavía existe un gran desconocimiento sobre la especie, ya que antes de su irrupción en la cultura pop menos del 5 % de los puertorriqueños sabía de su existencia.
La reciente aprobación de un proyecto para construir el primer centro de reproducción de especies en peligro de extinción en la isla abre una nueva etapa para el sapo concho. Además de fortalecer la conservación, el plan busca involucrar a estudiantes y comunidades locales, fomentando el valor de la biodiversidad puertorriqueña.
Con la gira internacional de Bad Bunny a punto de comenzar, científicos como Sondra Vega esperan que Concho siga ganando visibilidad fuera de Puerto Rico. Para ellos, que este pequeño anfibio haya pasado de los laboratorios a los escenarios, y ahora también a los carteles de protesta, representa una oportunidad única para combinar cultura, conciencia ambiental y debate social en torno a temas que trascienden fronteras.