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Ciencia y Tecnología

El fenómeno ‘doomer’: la generación que perdió la esperanza en el futuro

22 de marzo de 2026 · admin

En las profundidades de la red, un término ha cobrado fuerza para definir a toda una generación desencantada: el doomer (a menudo castellanizado o escrito por error de fonética como dummer). Este concepto, nacido en los foros de internet hace casi una década, describe a jóvenes —principalmente millennials y de la Generación Z— que han perdido toda esperanza en el futuro de la humanidad. Su pesimismo no es gratuito; surge como respuesta a un panorama global marcado por crisis económicas, calentamiento global y una marcada desconexión social.

El arquetipo del doomer se materializó visualmente a través del universo de los memes, específicamente mediante una variante del famoso personaje de trazos simples conocido como Wojak. Se le representa habitualmente con ojeras profundas, un gorro de lana negro, un cigarrillo a medio consumir en la boca y una expresión de hastío total. Esta imagen se convirtió rápidamente en el estandarte de quienes sienten que el mundo, tal como lo conocemos, está a un paso de irse a pique.

Para entender de dónde salió esta tribu digital, hay que echarse un clavado en la cultura de foros como 4chan y Reddit a finales de la década pasada. Ahí, entre hilos de discusión anónimos, los usuarios comenzaron a clasificar las actitudes frente a la vida moderna. A diferencia del boomer tradicional que defiende el sistema a capa y espada, el doomer tira la toalla; está convencido de que factores como la sobrepoblación y el agotamiento de recursos son problemas estructurales completamente irreparables.

La psicología detrás de esta subcultura revela a individuos que consumen noticias de manera compulsiva, un hábito bautizado recientemente como doomscrolling. Al estar bombardeados día y noche por tragedias y alertas catastróficas en sus teléfonos inteligentes, terminan por desarrollar una apatía crónica. En las calles de la capital y otras grandes urbes, este sentir se traduce en jóvenes que ven casi imposible hacerse de un patrimonio o alcanzar la jubilación, obligándolos a vivir al día bajo una pesada loza de ansiedad.

Diversos especialistas en sociología digital apuntan que el doomerismo no es una postura política formal, sino un estado de ánimo colectivo. Al no encontrar consuelo en las instituciones tradicionales ni en la política, el doomer encuentra su única catarsis en la creación de humor negro. Es una forma de digerir el trago amargo de la realidad contemporánea, donde reírse del infortunio propio funciona como un escudo frente a la crudeza de la vida diaria.

Este movimiento ha permeado incluso en el terreno musical con la creación del doomerwave. Se trata de un subgénero que rescata canciones de rock alternativo o post-punk, editándolas para que suenen melancólicas, apagadas y lentas. Miles de listas de reproducción en las plataformas de audio, ambientadas visualmente con lluvia cayendo sobre el asfalto o solitarios viajes nocturnos en el transporte público, sirven como refugio sonoro para quienes buscan compañía en su soledad digital.

Sin embargo, no todo es oscuridad en el ecosistema de la red. Como contraparte directa, emergió la figura del bloomer, un término derivado del inglés para la palabra «florecer». Este nuevo arquetipo reconoce exactamente las mismas fallas estructurales y problemas mundiales que atormentan al doomer, pero decide encararlos con un optimismo estoico. En lugar de dejarse arrastrar por el derrotismo, busca disfrutar de las cosas sencillas y propiciar cambios positivos a su alrededor.

En la arena del activismo social y climático, las corrientes más recientes también están poniendo un alto a la desesperanza extrema con el lema «Ok, doomer». Líderes ecologistas argumentan que el pesimismo absoluto es un lujo paralizante que la sociedad no se puede dar. El mensaje es claro y tajante: en lugar de esperar de brazos cruzados el colapso de la civilización, resulta imperativo arremangarse la camisa y buscar soluciones reales desde la trinchera de cada ciudadano.

Al final de cuentas, la existencia de esta tribu urbana digital es un termómetro muy preciso del nivel de incertidumbre que respira la juventud actual. Ya sea que lo escribamos con doble ‘o’ o simplemente como dummer, el concepto nos obliga a reflexionar sobre la pesada carga emocional que las nuevas generaciones llevan a cuestas. Entender este fenómeno es el primer paso para tender puentes y evitar que la desilusión crónica se convierta en la única herencia de nuestra época.