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Columnas

Y nos faltan 4 años y medio…

30 de marzo de 2026 · admin

Los Demonios del Poder

Y nos faltan 4 años y medio…

Carlos Lara Moreno

A año y medio de iniciado el gobierno de Claudia Sheinbaum, la expectativa de una transición tersa hacia un nuevo liderazgo comienza a desdibujarse. No por falta de control político, sino por una evidente pérdida de energía en el ejercicio del poder. Sus conferencias de prensa, que buscaban consolidarse como instrumento de comunicación directa, hoy lucen rígidas, con menor fluidez y sin la contundencia que exige el momento.

La Presidenta ha optado por la continuidad como eje rector. Pero gobernar no es solo administrar inercias. La figura de Andrés Manuel López Obrador sigue presente, no solo en el discurso, sino en las decisiones y en los costos. La herencia no es únicamente política: también es estructural. Escándalos de corrupción que no terminan de disiparse, redes de poder que permanecen intactas y una narrativa de transformación que comienza a desgastarse.

En el ámbito internacional, particularmente frente a Estados Unidos, Sheinbaum ha mostrado mayor consistencia. Su posición con Donald Trump ha sido cuidadoso, evitando sobresaltos y privilegiando la estabilidad. Es, quizá, el espacio donde su gobierno encuentra mayor claridad.

Pero hacia adentro, el panorama es distinto. No hay un golpe de timón visible. La seguridad sigue siendo una deuda estructural, el crecimiento económico carece de impulso y la cohesión social enfrenta tensiones cada vez más evidentes. La Presidencia, lejos de consolidarse, parece navegar en una zona de confort que puede resultar peligrosa.

Es ahí donde aparecen Los Demonios del Poder: la inercia, la falta de autocrítica, la dependencia de un legado que ya no moviliza con la misma fuerza. Gobernar bajo esas condiciones no solo limita el margen de maniobra, también reduce la capacidad de reacción frente a crisis inevitables. y

Quedan cuatro años y medio por delante. El tiempo suficiente para corregir el rumbo, pero también el espacio necesario para profundizar errores. Si el desgaste ya es perceptible, la pregunta es inevitable: ¿puede esta Presidencia reinventarse o está condenada a administrar su propio debilitamiento?

El futuro no está escrito, pero tampoco es infinito. Y en política, cuando el poder pierde dirección, no se detiene: simplemente cambia de manos.