El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibirá el próximo miércoles en la Casa Blanca al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. La reunión, adelantada varias semanas a petición del mandatario israelí, tiene como objetivo principal definir una estrategia común frente al programa nuclear de Irán y las milicias regionales apoyadas por Teherán. El encuentro se producirá en un momento crítico para las negociaciones de paz en la zona.
La cita estaba prevista inicialmente para finales de febrero, pero la urgencia de la situación en Oriente Próximo ha precipitado la agenda. Según fuentes diplomáticas, Netanyahu busca asegurar el respaldo estadounidense antes de que avancen las conversaciones que los enviados de la Casa Blanca, Jared Kushner y Steve Witkoff, mantienen en Omán con representantes árabes e iraníes.
La Administración de Trump ha reiterado su exigencia de que Irán desmantele su capacidad nuclear como condición previa para cualquier acuerdo. Fuentes de la Casa Blanca han señalado que, de no alcanzarse un pacto que garantice la seguridad de Israel y la región, todas las opciones, incluidas las militares, seguirán sobre la mesa. Por su parte, Netanyahu insistirá en la necesidad de desarmar a las milicias chiíes que operan en las fronteras de Israel.
El encuentro tendrá lugar días después de un incidente en el mar Arábigo, donde la Marina estadounidense abatió un avión no tripulado iraní que se aproximó a un portaaviones. Este hecho ha elevado la temperatura en una región donde la diplomacia y la amenaza militar conviven en un frágil equilibrio.
La agenda de la cumbre incluye también el análisis de la situación en la franja de Gaza. Se espera que Netanyahu presente a Trump los detalles de la llamada «segunda fase» de la tregua, que contempla la desmilitarización del enclave palestino bajo la supervisión de una coalición de países árabes. Este plan busca estabilizar la zona y permitir la reconstrucción de las infraestructuras dañadas durante los últimos conflictos.
Los analistas consideran que esta reunión será determinante para el futuro inmediato de Oriente Próximo. El éxito o fracaso de la coordinación entre Washington y Tel Aviv podría influir decisivamente en los precios del petróleo y en la estabilidad de los mercados internacionales, muy sensibles a cualquier alteración en el golfo Pérsico.