Por Brruno Cortés
A seis días del silbatazo inicial del Mundial 2026, las campañas oficiales del Gobierno de la Ciudad de México y del Gobierno de México cubren calles, vagones del Metro y plazas de la capital con su imagen institucional. Sin embargo, mediciones de opinión pública y monitoreo en redes sociales registran que el despliegue no se ha traducido en un ambiente mundialista entre la población chilanga, a pesar de que la ciudad será sede del partido inaugural el próximo 11 de junio.
Un estudio de monitoreo en redes sociales difundido en abril encontró que cerca del 70 por ciento de las publicaciones analizadas reflejaban desencanto con el torneo. En ese mismo análisis, apenas el 4.1 por ciento de la conversación expresó una valoración positiva, vinculada al ambiente previo a la inauguración. Entre los reclamos recurrentes aparecieron la sobrecomercialización del evento, la saturación publicitaria, los altos costos de los boletos y las prácticas de reventa.
A esa medición se sumó un análisis reciente de la Universidad Nacional Autónoma de México, que documentó un bajo nivel de entusiasmo entre la ciudadanía. Los participantes manifestaron preocupaciones por la falta de transparencia en el uso de recursos públicos, por la capacidad de las autoridades para garantizar la seguridad y por la percepción de que los beneficios económicos del Mundial favorecerán más al sector privado que a la población local. El tráfico, el ruido y las desigualdades urbanas figuraron entre las inquietudes señaladas.
En el plano local, el Gobierno de la Ciudad de México desplegó la campaña «La pelota vuelve a casa», presentada en marzo por la Coordinación General de Comunicación Ciudadana. Su emblema combina un ajolote rosa, especie endémica de los lagos de Xochimilco, y a Quetzalcóatl, dentro de un aro que remite al juego de pelota mesoamericano. La identidad se distribuyó en gallardetes, espacio público, zonas turísticas y en la renovación visual de los trenes de la Línea 2 del Metro. Como parte de la estrategia, la capital lanzó a «Xoli», un chatbot turístico disponible las 24 horas por WhatsApp, en español e inglés, desarrollado por la Agencia Digital de Innovación Pública junto con las secretarías de Turismo y Cultura.
En paralelo, el Gobierno federal articuló su comunicación bajo el concepto «Mundial Social», encabezado por la Presidencia de la República. El programa contempla la construcción y rehabilitación de más de 4 mil 200 canchas deportivas en todo el país, la transmisión gratuita de partidos en plazas públicas y la aplicación «México Invita», una plataforma que concentra rutas turísticas, servicios e información del torneo. La administración federal ha subrayado que destina alrededor de 200 millones de pesos a promoción turística, frente a los 10 mil millones que, según sus cifras, se ejercían en sexenios anteriores.
Mientras la imagen institucional crece, especialistas en publicidad exterior advirtieron que los anuncios comerciales también se multiplicaron al amparo del torneo. De acuerdo con estimaciones del sector, la publicidad exterior en la capital aumentó alrededor de 20 por ciento en los meses recientes, con saturación de espectaculares, vallas, tapiales y pinta de fachadas, sobre todo en los corredores cercanos al estadio sede, en el sur de la ciudad. El mismo diagnóstico señaló un debilitamiento en las labores de verificación de estructuras por parte de la autoridad capitalina.
El contraste entre el mensaje festivo y la experiencia cotidiana aparece en el centro de la discusión pública. A semanas del arranque, persisten reportes de movilidad saturada, con traslados que en algunos casos rebasan las dos horas, y de altos niveles de contaminación. Académicos consultados en medios han planteado que el Mundial funciona como un punto de referencia para evaluar qué problemas urbanos se resolvieron y cuáles permanecen iguales desde los torneos de 1970 y 1986, también organizados en la capital.
La percepción de que prevalecen los intereses comerciales sobre los deportivos atravesó buena parte de las conversaciones registradas. Cerca de un tercio de los mensajes monitoreados rechazó el contexto general del torneo, y entre los motivos figuró el malestar porque la final se disputará en Estados Unidos, lo que alimentó la idea de que México obtendrá beneficios limitados como país anfitrión. La politización del evento y la propuesta de ajustar el calendario escolar durante el Mundial también aparecieron en el debate.
El torneo arrancará el 11 de junio en el estadio capitalino, rebautizado para la competencia como Estadio Ciudad de México, donde la selección mexicana disputará el partido inaugural. Para acompañar la justa, el Gobierno local proyectó un Fan Fest en el Zócalo y pantallas gratuitas en las 16 alcaldías, además de un refuerzo de videovigilancia a cargo del C5 que colocará a la capital entre las urbes más monitoreadas del continente. El balón comenzará a rodar a la vuelta de la esquina, y será entonces cuando se mida si el ánimo mundialista termina por prender en las calles de la ciudad.



