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Columnas

Financiaron sus carreras vendiendo camotes

12 de enero de 2026 · admin

CHARLAS DE TABERNA

Financiaron sus carreras vendiendo camotes

MARCOS H. VALERIO

En las calles de la capital, entre el bullicio y el aroma dulce de camotes asados y plátanos machacados, se forjó un sueño que parecía inalcanzable: John, Benjamín y Uciel Martínez, originarios de San Lorenzo Malacota —una comunidad indígena otomí en el municipio de Morelos, Estado de México—, llegaron uno a uno a la gran ciudad con un carrito ambulante como único sostén económico.

Hoy, son el primer médico, el primer ingeniero y el primer abogado de su familia, egresados o en vías de titularse en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“De aquí básicamente hemos solventado la carrera. Con este carrito han cumplido un sueño compartido: Estudiar en la UNAM y ser profesionistas”, relata uno de los hermanos, mientras recuerda el sacrificio diario de empujar el carrito por las calles, combinar turnos de venta con clases y exámenes, y enfrentar las dificultades de una comunidad donde las oportunidades educativas son escasas.

Su padre soñaba con ser ingeniero, pero las circunstancias familiares lo impidieron. En San Lorenzo Malacota, donde las opciones para desarrollarse son limitadas, la educación superior parecía un horizonte lejano. Sin embargo, el camino se abrió cuando el primer hermano participó en el concurso de la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems) y eligió el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM. “Se queda ahí, abrió la puerta para los demás”, explican.

Uno a uno ingresaron al bachillerato universitario. John, el mayor, inició Medicina a los 27 años y ya realizó su internado en un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

“Es un sacrificio enorme, ha sido muy complejo tener que trabajar y estudiar”, admite. Benjamín se convirtió en el primer ingeniero de la familia, mientras Uciel, el menor, sigue los pasos de sus hermanos cursando Derecho con la meta de ejercer en su comunidad natal.

“Como mis hermanos fueron una motivación para mí, desearía que yo fuera una motivación para alguien más”, reflexiona Uciel.

Su historia desafía las duras estadísticas de movilidad social en México. Según el Informe de Movilidad Social en México 2025 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), solo una de cada diez personas con padres que cursaron primaria o menos alcanza estudios profesionales.

En un país donde siete de cada diez nacidos en hogares de menores ingresos permanecen en la pobreza, los hermanos Martínez representan esa excepción que inspira: esfuerzo, unidad familiar y perseverancia para subir la escalera de la movilidad social.