A ocho días del doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advirtió que cerca de 680 mil niños requieren asistencia humanitaria urgente debido a los efectos del desastre, considerado el más mortífero que ha enfrentado el país en el último siglo.
La emergencia, provocada por dos sismos de magnitudes 7.2 y 7.5, ha dejado hasta el momento más de 2 mil 200 personas fallecidas y 11 mil 267 heridas, además de miles de familias desplazadas que permanecen en campamentos temporales mientras continúan las labores de atención y recuperación.
Desde el complejo deportivo Domo José María Vargas, en el estado de La Guaira —la entidad más afectada por los terremotos—, la portavoz de comunicaciones de la oficina regional de Unicef para América Latina, Sendai Zena, informó que el organismo calcula que alrededor de 680 mil menores de edad necesitan algún tipo de apoyo, aunque el objetivo inmediato es atender al menos a 232 mil niños.
Para lograrlo, explicó, Unicef trabaja en la movilización de aproximadamente 52 millones de dólares que permitan financiar las operaciones de asistencia en las zonas afectadas.
Zena señaló que la situación humanitaria es especialmente compleja debido a que muchos niños no solo perdieron sus hogares, sino también a familiares o personas cercanas, lo que ha provocado un fuerte impacto emocional entre la población infantil.
«Lo más difícil es que muchos de ellos han podido perder un familiar, un ser querido, y se encuentran profundamente consternados», indicó la representante del organismo.
Como parte de la respuesta de emergencia, Unicef ha desplegado equipos que ofrecen atención médica y psicológica, campañas de vacunación, distribución de agua potable y espacios recreativos para brindar apoyo emocional a los menores y ayudarles a recuperar, en la medida de lo posible, una sensación de seguridad en medio de la crisis.
Entre las principales preocupaciones del organismo destaca el acceso al agua potable, una necesidad que calificó como urgente debido a los daños ocasionados por los terremotos en la infraestructura y los sistemas de abastecimiento.
La representante recordó que, en cualquier desastre natural, los niños constituyen uno de los grupos más vulnerables, ya que enfrentan mayores riesgos de enfermedades, desnutrición, afectaciones emocionales y pérdida de acceso a servicios básicos como educación y salud.
Los terremotos, registrados hace poco más de una semana, impactaron la ciudad de Caracas y otros seis estados del norte de Venezuela, dejando severos daños en viviendas, edificios públicos e infraestructura.
Hasta el momento, el Gobierno venezolano no ha actualizado el balance oficial de víctimas. El reporte más reciente señala que existen más de 12 mil personas damnificadas, quienes han sido reubicadas en 25 campamentos habilitados para atender la emergencia.
De estos refugios temporales, 13 se encuentran en La Guaira, ocho en Caracas, dos en el estado Miranda, uno en Carabobo y otro en Yaracuy, regiones que también registraron afectaciones por los movimientos telúricos.
Por su parte, las Naciones Unidas instalaron tres campamentos transitorios en los que participan diversas agencias humanitarias para coordinar la distribución de ayuda, brindar atención médica y apoyar a las familias que perdieron sus viviendas.
El doble terremoto ya es considerado el desastre sísmico más letal registrado en Venezuela en los últimos cien años. El antecedente más cercano ocurrió en julio de 1967, cuando un fuerte sismo con epicentro cerca de Caracas dejó 245 personas fallecidas, miles de heridos y cuantiosos daños materiales.
Mientras continúan las labores de rescate, atención médica y reconstrucción, organismos nacionales e internacionales mantienen el llamado a fortalecer la ayuda humanitaria, especialmente para proteger a la infancia, uno de los sectores más afectados por la tragedia.



