Seguramente alguna vez has estado en una reunión al aire libre donde una persona termina cubierta de picaduras mientras quienes la acompañan apenas reciben una o ninguna. Esta situación, que suele atribuirse a tener la sangre «más dulce», en realidad tiene una explicación científica muy distinta.
Especialistas en entomología aseguran que los mosquitos no eligen a sus víctimas por el sabor de la sangre, sino por una combinación de factores genéticos y químicos que hacen que algunas personas resulten mucho más atractivas para estos insectos.
De hecho, el profesor Timothy C. Winegard, de la Universidad de Colorado Mesa y autor del libro El mosquito: una historia humana de nuestro depredador más mortífero, señala que aproximadamente el 85% de lo que determina si una persona atraerá más o menos mosquitos está escrito en su ADN.
Esta predisposición genética influye en los compuestos que libera el cuerpo de forma natural y que los mosquitos detectan a distancia para localizar a sus posibles víctimas.
El doctor en Entomología Rubén Bueno explica que estos insectos son capaces de identificar diferentes señales emitidas por las personas. Entre las más importantes se encuentran el dióxido de carbono (CO₂) que expulsamos al respirar, además de sustancias presentes en la piel y el sudor, como el ácido láctico y el octenol.
Cada individuo produce una mezcla distinta de estos compuestos, generando una especie de «huella química» o «pluma de olor». Algunas combinaciones resultan especialmente atractivas para los mosquitos, mientras que otras pasan casi desapercibidas.
Por ello, el experto desmiente uno de los mitos más extendidos: los mosquitos no buscan sangre más dulce ni seleccionan a sus víctimas únicamente por su grupo sanguíneo. Aunque algunos estudios han encontrado ciertas preferencias por determinados tipos de sangre, la verdadera atracción proviene de las sustancias químicas presentes en la superficie del cuerpo.
Una investigación publicada en 2019 en el American Journal of Entomology encontró que, al ofrecer a los mosquitos muestras de los cuatro grupos sanguíneos, los insectos mostraron una mayor preferencia por la sangre tipo O. Sin embargo, los especialistas aclaran que esta relación podría deberse a diferencias en los compuestos químicos asociados con cada grupo sanguíneo y no a la sangre en sí.
Además, existe otro factor que suele generar confusión: no todas las personas reaccionan igual a las picaduras. Algunas desarrollan inflamación, enrojecimiento y una intensa comezón, mientras que otras apenas presentan una pequeña marca o ninguna reacción visible. Esto hace que muchas personas crean que nunca fueron picadas, cuando en realidad sí lo fueron, pero su sistema inmunológico respondió de forma diferente.
El especialista también destaca que no todas las marcas en la piel corresponden a picaduras de mosquitos. Las chinches de cama, por ejemplo, suelen dejar varias lesiones alineadas o agrupadas, ya que avanzan sobre la piel mientras se alimentan. En cambio, los mosquitos normalmente producen una picadura aislada acompañada de inflamación y picazón.
También cambia el momento en que atacan. Las chinches pican casi exclusivamente durante la noche mientras las personas duermen. Entre los mosquitos existen diferencias: el mosquito tigre suele alimentarse durante el día y en espacios abiertos, mientras que el mosquito común acostumbra picar por la noche e incluso entrar a las viviendas.
En la mayoría de los casos, las picaduras desaparecen por sí solas en pocas horas o días si no existe transmisión de alguna enfermedad. Los especialistas recomiendan lavar la zona con agua y jabón, aplicar una crema o pomada para aliviar la inflamación y, sobre todo, evitar rascarse, ya que esto puede provocar infecciones secundarias.
Sin embargo, es importante acudir al médico cuando la reacción es muy intensa o aparecen síntomas como fiebre, dolor de cabeza fuerte, dolor en las articulaciones, malestar general o signos de infección en la piel, ya que podrían indicar una complicación o la presencia de alguna enfermedad transmitida por mosquitos.
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir las picaduras. Rubén Bueno explica que estos insectos depositan sus huevos en pequeñas acumulaciones de agua estancada, por lo que eliminar estos criaderos alrededor de las viviendas resulta fundamental.
Recipientes tan pequeños como el plato de una maceta, un cubo olvidado en el jardín o el bebedero de una mascota pueden convertirse en lugares ideales para el desarrollo de decenas de larvas.
A estas medidas se suma el uso de repelentes aprobados por las autoridades sanitarias, respetando siempre las instrucciones del fabricante. También se recomienda instalar mosquiteros en puertas y ventanas, vestir ropa clara que cubra brazos y piernas, utilizar zapatos cerrados y proteger con mallas especiales las carriolas o cunas de los bebés cuando permanezcan al aire libre.
Los expertos advierten que el cambio climático y la expansión de especies como el mosquito tigre han incrementado el riesgo de enfermedades como el dengue o la fiebre del Nilo en distintas regiones del mundo. Por ello, quienes regresen de viajes a zonas donde estas enfermedades son endémicas y presenten síntomas como fiebre, dolor de cabeza o dolor articular deben buscar atención médica lo antes posible para recibir un diagnóstico oportuno y evitar la propagación de estos virus.
Aunque no es posible cambiar la genética que hace a algunas personas más atractivas para los mosquitos, adoptar medidas preventivas y eliminar los criaderos cercanos sigue siendo la mejor estrategia para reducir las picaduras y proteger la salud.



