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Columnas

A una semana

2 de marzo de 2026 · admin

Los Demonios del Poder

A una semana

Carlos Lara Moreno

A una semana de la caída de Rubén Oseguera Cervantes, alias el Mencho, el país no vive un momento de celebración sino de contención.

La captura —o abatimiento, según la versión oficial que termine por imponerse— del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación ha colocado al gobierno en una alerta máxima ante la previsible reacción violenta de una estructura criminal que no desaparece con la ausencia de su cabeza.

En Palacio Nacional saben que el vacío de poder suele ser más peligroso que la hegemonía criminal.

Las células buscan demostrar fuerza, cerrar filas y mandar mensajes. El cálculo es frío: incendiar regiones para negociar desde el caos o para evitar fracturas internas.

La administración de Claudia Sheinbaum Pardo enfrenta su primera gran prueba de fuego en materia de seguridad.

No solo por la posible ola de violencia, sino por las implicaciones políticas del personaje capturado. El Mencho no era un delincuente aislado: era un archivo viviente.

La discusión pública inevitable gira en torno a lo que sabía, a los pactos que pudo haber tejido y a los nombres que quizá jamás conoceremos.

En ese contexto, más que especular sobre si alguien “merecía” morir, la pregunta de fondo es si la verdad completa saldrá a la luz o quedará sepultada bajo la narrativa oficial.

El otro frente es la seguridad presidencial. Cuando se toca a un líder criminal de ese tamaño, el Estado entero se convierte en objetivo potencial.

La protección de la mandataria y de su familia se vuelve prioridad estratégica. No es paranoia: es cálculo de riesgos en un país donde el poder criminal ha demostrado capacidad de fuego, infiltración y propaganda.

A ello se suma la presión internacional. Desde Washington, el presidente Donald Trump ha endurecido el discurso para frenar el tráfico de armas hacia México, señalando que la violencia no es un fenómeno unilateral.

La relación bilateral entra en una fase delicada: cooperación obligada, pero bajo condiciones políticas tensas. La estrategia de seguridad mexicana queda así atrapada entre la reacción interna del crimen organizado y la exigencia externa de resultados inmediatos.

Los Demonios del Poder no solo habitan en los cárteles. También se manifiestan en la opacidad, en las alianzas inconfesables y en la tentación de administrar la verdad.

La caída del Mencho no es el final de una historia; es el inicio de otra, más peligrosa y más reveladora. El Estado tendrá que demostrar si puede sostener el golpe sin incendiar el país… y sin incendiarse por dentro.